Emociones simples

Los recursos son un tema delicado en mi vida. Estoy indignado constantemente por el malgasto o el no-uso de los mismos. Quizás porque mi mente “recuerda” un pasado donde el trayecto que hoy hacemos en un tren para tomar un café, era el mismo que un jinete recorría a caballo para llevar un escrito que podía tener una línea, pero significar mucho. Dejando de lado otros importantes como el tiempo y el dinero, quisiera centrarme en los sentimientos como conexión con otras personas. Y sí, también lo que llaman amor.
Los humanos somos seres sociales, y como tales buscamos a otros para compartir nuestras vidas. Es un terreno desconocido, pero creo que nuestro comportamiento prefabricado es complicarnos aún más. Nuestras experiencias, las de otros y los ritos de moda de la especie, hacen de relacionarse con otros toda una prueba.
Piensen esto: todos los días circulamos rodeados de otras personas que no conocemos, extraños, gente con la cual tenemos comunión por compartir el valor del boleto o necesitar algo de ellos. Las miradas inconclusas son muchas. Intercambiamos el mínimo necesario de palabras y seguimos.
De repente, la vida nos cruza por razones misceláneas: compañeros en un trabajo nuevo, vecinos después de una mudanza, la gran caja de Pandora invisible, etc. Ahí es cuando descubrimos quienes son, y comienzan a ubicarse dentro de nuestras rutinas y rituales. Si no fuera por estas razones “artificiales”, seguramente hubiésemos corrido a buscar un policía si algunos nos paraba por la calle para presentarse y explicarnos el potencial que tendrá en nuestra vida.

¿Qué pasa con “esa” persona? El relacionarnos con alguien lleva un extenso protocolo que debe ajustarse a las expectativas individuales y sociales. El resultado: terminamos cerrándole las puertas a muchas personas por razones tan superficiales que podríamos pasarles Blem. ¿Pero esto es lo que buscamos? No, y entonces ¿por qué lo hacemos así?
Hay un fenómeno muy interesante y general que llamo “la curva del éxito“, y consta en tomar un frente de nuestras vidas, como nuestras relaciones, e imaginarlo como un gráfico de curvas. Entramos a una relación y empieza a crecer linealmente, salimos y es un “pico” abrupto. Pero a medida que subimos, llegamos a un punto donde empezamos a crecer exponencialmente, ya que el propio “éxito” atrae más éxito, y las cosas que en el día cero de la relación eran montañas, ahora son minutas, y el foco de la comunión está en esas cosas que eran invisibles a los ojos de los extraños.
No se trata de pensar en “almas gemelas”, sino de descontracturar el dogma y aceptar que podemos saltar en la curva, en búsqueda de nuestra constante.
Ilustraciones por XKCD, pionero en las matemáticas aplicadas a las relaciones.