La vida es un juego
Antes que nada pido disculpas a los que buscaban algo relacionado con “Todos contra Juan”, Juan Perugia o Gastón “Sota” Pauls, he aquí mi premio consuelo para ustedes. Porque de lo que voy a hablar es sobre mi visión de la vida: un simple juego con principio, final, reglas, estrategias, competencia, etc. Y lo venimos jugando desde hace tiempo, aunque a muchos les cueste reconocerlo. ¿Qué tiene de importante entender esta analogía? que mientras antes lo asumamos, más provecho le vamos a sacar.
El momento que nacemos es nuestra mano de cartas, de ahí elegimos como jugarlas. Muchos son agraciados y otros se sienten desdichados por lo que les tocó, pero todos tenemos algo en común: tenemos que jugarlas. El problema es que cuesta darnos cuenta que, como en el Truco, el valor de los naipes es relativo a la forma que los juguemos. Una gran mano puede ser prometedora, pero arraiga problemas que son invisibles para alguien que no tiene nada que perder (limitaciones positivas). Un ejemplo: gente famosa, estrato codiciado por muchos, pierde casi irreversiblemente su capacidad para ser “uno más”, su identidad fuera del ícono, algunas veces desde que nacen.

Luego vienen las reglas, algo que la filosofía moderna nos enseña a amar, por temor. Nuestro éxito o fracaso en la vida parece ser dictado por una cadena evolutiva de trazos de lapicera: primero son colores verdes o rojos, luego calificativos, después rangos numéricos extrapolados con el paso del tiempo, y finalmente más cifras, en un resumen a principio de mes. Y no sólo hablo de lo socioeconómico, la fe de muchos está diezmada por el libro de reglas más leído de todos los tiempos. Lo malo de vivir apegado a este sistema de reglas, es que olvidamos lo esencial que puede ser todo si seguimos las nuestras: no se necesita hacer una carrera por obligación ni escalar peldaños imaginarios en una empresa para progresar. Al final del día, lo que nos acerque más a nuestras metas es lo que vale, y mientras no caigamos en un “vaya a la cárcel“, el resto corre por nuestra cuenta.
Por eso para mi, la vida es un gran juego el cual no vale la pena dramatizar. Todo problema o situación desconocida es una casilla de donde debemos movernos, y nunca es tan grave como parece. Está en nosotros saber abstraernos para poder ver el tablero completo, y decidir una estrategia, turno por turno. Lo único grave es tratar de obedecer las reglas de otros, o buscar el éxito de una sola forma. Debemos comprender lo que queremos para luego conocer nuestro enemigo, sea una cosa, persona, o nosotros mismos, y actuar en consecuencia, utilizando los recursos que tenemos en función de donde queremos llegar, sin miedo a romper con la forma tradicional que nos enseñaron a jugar.
